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Reino Unido, 1697–1764

William Hogarth
Sarah Malcolm encarcelada, 1733.
Galería Nacional de Escocia
Se trata de un retrato naturalista, inquietante por la serenidad y el aplomo de la mujer, que no se ve convertida en una arpía y suscita simpatía. Tiene también un aire ausente y la rodea un mobiliario escaso: una mesa y un armario.

Una de las batallas filosófico-morales del siglo XVIII es la reforma del Código Penal de cárceles y manicomios. El Tratado de los Delitos y de las Penas de Beccaria simboliza la racionalización y humanización de la sociedad en la Ilustración, que reacciona frente a la detención sin explicaciones y el juicio sin garantías. La humanización de la cárcel supone pasar del concepto tradicional de “el que la hace, la paga”, que podía implicar torturar a los penados, a creer en la reinserción. La venganza social frente al delincuente se sustituyó entonces por la redención; nace la creencia en que el hombre puede cambiar y que un error puede ser subsanable.

El de Malcolm es un retrato patético, trágico en su sobriedad. No vemos a una delincuente, sino a una mujer resignada a su destino: la muerte cercana. Goya también pintó, como sabemos, interiores de prisiones y manicomios y su visión y la de Hogarth obedecen a un mismo espíritu modernizador.
Gerard Anne Edwards in His Cradle, 1733.
Un retrato horizontal de cuerpo entero de un niño pequeño sentado en su cuna, mirando a la derecha, sosteniendo en su mano derecha un muñeco en un carrito; Hay un perro tumbado en la alfombra, a la derecha.

Gerard Anne Edwards (1732/3–1773) de Welham Grove, Leicestershire, era hijo de Lord Anne Hamilton (1709–1748; tercer hijo de James, cuarto duque de Hamilton y primer duque de Brandon, llamado así en honor a su madrina, la reina Ana. , que tomó el nombre de Edwards ) y la heredera completamente sensata pero autoprotectora, Mary Edwards (1704/5-1743) de Kensington, quien repudió su matrimonio e hizo bautizar al niño como hijo de una mujer soltera.

Más tarde fue conocido como 'Handsome Edwards' y se casó con Lady Jane Noel, segunda hija de Baptist Noel, cuarto conde de Gainsborough de la primera creación. Su único hijo, Gerard Noel Edwards, sucedió en las propiedades de Hicks y Noel tras la muerte del sexto y último conde de Gainsborough de la primera creación en 1798 y, por un resto especial, de su suegro, el almirante Lord Barham. título de baronet y tomó el nombre de su madre, convirtiéndose así en Sir Gerard Noel Noel, segundo Bt (1759-1838). Su hijo mayor, Charles Noel, de su primer matrimonio, fue nombrado en 1841 primer conde de Gainsborough de la segunda creación.
Autorretrato, 1735.
La riqueza de detalles y matices psicológicos, así como la intensidad dramática y el acierto compositivo contribuyeron, sin duda, a la buena aceptación de estas obras, que constituyen un punzante retrato de la sociedad inglesa de la época. Aunque éstas son sus creaciones más apreciadas, Hogarth no abandonó nunca el retrato y se dedicó también a plasmar por escrito sus ideas estéticas en La anatomía de la belleza, obra que gozó también de gran éxito.

A partir de 1735 dirigió una academia de pintura que fue la precursora de la Royal Academy. En sus últimos años, a raíz de haber sido nombrado pintor del rey, se mostró más conservador y perdió en parte el espíritu de lucha que hasta entonces había caracterizado toda su vid
Piero della Francesca

Italia, 1416–1492

San Jerónimo penitente, 1450
San Jerónimo penitente es un tema artístico relativamente frecuente en el arte cristiano. La escena se suele aprovechar para demostrar la capacidad del pintor para el paisaje y la anatomía, representando a San Jerónimo parcialmente desnudo, con el ropaje desordenado, habitualmente en el trance de lastimarse a sí mismo con una piedra. Cuando no es así, se le representa en posición orante (arrodillado) o en otra que exprese las penitencias y meditaciones a que se entregó mientras llevaba vida de anacoreta retirado en el desierto
En esta Anunciación, el clasicismo de Alberti es evocado por la elegante columna que está en el centro de la composición, tan alta como la figura escultórica de María, representada como un joven y solemne matrona. En ella se aprecian elementos de una nueva cultura figurativa y anuncian las obras de madurez del artista: el velo transparente que cubre la cabeza de María, las perlas que bordean su capa, la puerta de madera en marquetería y las sombras que rozan la blancura de los mármoles.

La breve estancia que Piero efectuó en la Romagna fue de una importancia capital, no sólo porque contribuyó a la formación de algo tan importante como fue la escuela de Ferrara, sino también una creciente difusión de la cultura de la perspectiva en otras ciudades de Emilia y la llanura del Po, donde dominaba hasta mediados de siglo y aun más allá una pintura de estilo fundamentalmente gótico. En el camino de regreso a Borgo San Sepolcro (1453), Piero se detuvo en Urbino. En este primer viaje a la pequeña localidad de las Marcas fue probablemente cuando realizó una de sus más célebres pinturas sobre tabla, la Flagelación de Cristo, hoy en la Galería Nacional de Urbino. La síntesis sublime que Piero realizó entre un instrumento de vanguardia como la perspectiva lineal, elementos de tradición gótica y la observación minuciosa de los más pequeños detalles, propio de la pintura flamenca, representará el más valioso producto artístico de las nuevas cortes del centro y norte de Italia y una alternativa a la cultura florentina del mismo período.
Anunciación, 1452
El sueño de Constantino, Italia, 1466
Esta obra se inscribe dentro del ciclo de frescos sobre La leyenda de la Vera Cruz de la Iglesia de San Francisco de Arezzo, compuesto por doce episodios y otras representaciones. En particular, la escena del Sueño de Constantino nos ofrece el momento previo a la Batalla de Puente Milvio: durante la noche anterior al emperador se le apareció un ángel con el signo de la cruz, indicándole que bajo aquella imagen ganaría la batalla.

Nos sorprende Piero della Francesca con un escenario nocturno, siendo considerado de los primeros en la historia de la pintura del Quattrocento. Desde la parte superior de este cielo aparece el ángel que, además de portar la cruz, trae consigo la luz a toda la escena. Este foco de luz hace que el propio ser celestial y el soldado del primer plano queden a contraluz, efecto muy conseguido y totalmente innovador para la época.

Siguiendo con la escena, uno de los personajes que más nos llaman la atención es el sirviente que, apesadumbrado por tener que vigilar el sueño del emperador, nos mira con cara de circunstancia. Este hecho nos transporta directamente a la escena, constituyéndose así otro de los prodigios artísticos de la obra.
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